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miércoles, 22 de diciembre de 2010
Dios dispone, ¡ Consultalo!
jueves, 16 de diciembre de 2010
Muy cerca de ti
martes, 7 de diciembre de 2010
Siervo de Jesucristo
Esta es la revelación de Jesucristo, que dios le dio para mostrar a sus siervos lo que sin demora tiene que suceder. Jesucristo envió a su ángel para dar a conocer la revelación a su siervo Juan (Apocalipsis 1:1).
¿Qué pensamientos vienen a tu mente cuando te preguntan sobre el apóstol Juan? ¿Sus largas horas nocturnas en la barca que tanto amaba? ¿El momento cuando dejo todo allí a la orilla del mar para seguir a Cristo? O tal vez recuerdas su famoso sobrenombre, impuesto por el mismo Jesús: Hijo del trueno. Quizás te acuerdes de las reprensiones que recibió por pedir que descendiera fuego del cielo y consumiera una aldea de los samaritanos, solamente porque él percibió un rechazo al mensaje de Jesús. También cuando, por medio de su madre, junto con su hermano, solicitó un puesto exclusivo en el reino de los cielos.
Recuerdas cuando estaba recostado sobre Jesús en la cena de pascua, así como su presencia en el juicio y la crucifixión de Cristo. No exageraría al decir que la mayoría de los cristianos recordamos a Juan como el « discípulo amado », título que tomamos de su propio testimonio en donde se identifica como « el discípulo a quien Jesús amaba » (Juan 13:23).
¡Qué hermosa afirmación de seguridad y confianza en el amor del Salvador! ¡Qué maravilloso sería que todos nos sintiéramos exclusivos receptores de la bondad celestial que aleja el temor de nuestras vidas!
Pero el primer versículo del libro de Apocalipsis nos presenta otro testimonio de la vida de este apóstol. Desde su prisión en la isla de Patmos, Juan recibe visiones celestiales para dar esperanza al pueblo de Dios. En la introducción de su « informe » señala que es un siervo de Jesucristo. Una expresión de humildad y reconocimiento de que Jesús no es solamente su Salvador, sino también su Señor. Experimentar el amor de su Maestro llevó al apóstol Juan a reconocer también su soberanía. Es lo que podríamos llamar el verdadero ejercicio de la fe. Una fe salvadora que en medio de las dificultades lleva al creyente a reafirmar su voluntad conforme a los planes divinos.
« Si tan solo mantenemos los ojos fijos en el Salvador y confiamos en su poder, seremos llenados de una sensación de seguridad, pues la justicia de Cristo llegará a ser nuestra justicia »
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Benevolencia verdadera
No niegues un favor a quien te lo pida, si en tu mano está el otorgarlo (Proverbios 3:27).
Frente a la mesa servida para participar de los alimentos, casi siempre le digo al Señor: « Al participar de estos alimentos, miramos hacia ti con gratitud, y te ruego que nos ayudes a mirar a los demás con generosidad ». Todos los días tenemos oportunidades de hacer el bien. Sin embargo, el texto parece reconocer dos límites. La primera, es reconocer a quien lo merece. Y la segunda, parece que no todos y no siempre tenemos el poder para hacerlo.
Jesús abordó la primera limitante cuando fue requerido a dar una respuesta a una pregunta muy astuta: « ¿ Y quién es mi prójimo? » (Lucas 10:29). Así lo retó un intérprete de la ley. Jesús contó la conocida historia del buen samaritano para enseñar que nuestro prójimo es todo aquel que necesita nuestra ayuda; también todo aquel que haya sido afectado por el pecado; es más, es todo aquel que pertenece a Dios. En otras palabras... ¡Todos!
En cierta ocasión caminaba con un compañero por una de las calles. Sentado en la calle un mendigo solicitaba nuestra ayuda. Mi compañero me « ilustro » diciéndome que muchos de los que piden limosna, en realidad no son indigentes, sino que son personas que se aprovechan de la buena voluntad de la gente para vivir sin trabajar. ¿Pero cómo iba yo a saber que precisamente el que ahora nos solicitaba ayuda era uno de esos bribones?
El sacerdote « al verlo, se desvió y siguió de largo », y el levita, igualmente « al verlo, siguió de largo » (Lucas 10:32,33), en esta historia de la vida real, que convertida en parábola relató Jesús, los dos dirigentes religiosos hicieron un cálculo tan fino que decidieron pasar de largo frente al hombre herido a la orilla del camino. El samaritano, que finalmente lo recogió, no se puso a pensar si este hombre era también un ladrón, ni en el peligro que suponía que los asaltantes estuvieran apostados en las cercanías para agredirlo también a él y robarle todas sus pertenencias. Sencillamente, estaba ante su prójimo, que necesitaba ayuda y decidió brindársela. Hoy como casi todos los días, te encontrarás con alguien que necesite ayuda física, material o espiritual. ¿Pasarás sin ayudarlo?
« La persona impulsada por una benevolencia verdadera, desinteresada, participa de la naturaleza divina »
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Una nueva oportunidad
El Señor no tardara en cumplir su promesa, según entiende algunos la tardanza. Más bien, él tiene paciencia con ustedes, porque no quiere que nadie perezca sino que todos se arrepientan (2 Pedro 3:9).
¿Puede un evento inminente condicionar tu comportamiento? ¿Cuáles serian tus cinco prioridades si supieras que Jesús regresa por ti hoy mismo? ¡Cómo cambia nuestra perspectiva de la vida ante un evento que se aproxima! Sin embargo, nuestra perspectiva no es alerta. Ante lo que podríamos considerar una demora de la venida del Señor, dudamos y decimos: « Mi señor se está demorando » (Mateo 24:48). Es natural, ¿Quién no se cansa de esperar? Tenemos poca tolerancia a la espera. Pero Dios, para quien el tiempo no supera su amor, se demora mucho. ¿Y por qué tarda? ¿Qué desea obtener?
Imagina a un Dios de amor sufrir con tanta muerte, guerra, hambre, violencia, enfermedad, violencia familiar y corrupción. Definitivamente su demora confirma que Dios prefiere sufrir, con tal de que tú no te pierdas. Por eso mantiene abiertas las oportunidades, por eso su gracia parece detener el tiempo.
Cierta mañana unos soldados se alienaron cerca de un camión-cocina para recibir su almuerzo. El corresponsal de un periódico miró a un soldado barbudo, cubierto de lodo y muy cansado. Después de mirarlo, el corresponsal le dijo: « si yo pudiera lograr que Dios le diera a usted lo que más desea, ¿Qué le pediría? » El soldado permaneció en silencio mientras la esperanza renacía en su corazón, y después respondió lentamente: « Le pediría… que… me diera… el día de mañana »
Aquel soldado tenía la esperanza de un día más. Yo también pediría el día de mañana, pero no para pasarlo aquí, en este mundo que se hunde en la maldad, sino para ver al Señor aparecer en las nubes de los cielos, y que como familia, volvamos a estar completos. El Señor se demora, no porque las promesas de Dios fallen, sino porque su amor es tan grande que quiere darnos a todos, y sobre todo a ti y a mí, un día más, una nueva oportunidad de arrepentirnos. ¿Nos atrevemos a dejar de pasar el día de hoy sin hacerlo?
« La tempestad se avecina y debemos prepararnos para afrontar su furia mediante el arrepentimiento para con Dios y la fe en nuestro Señor Jesucristo »
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Una nueva inversión
Pues ustedes han nacido de nuevo, no de simiente precederá, sino de simiente imperecedera, mediante la palabra de Dios que vive y permanece (1 Pedro 1:23)
Observa la cima del Monte Calvario; manos y pies que gotean sangre, una aflicción que recorre todo el cuerpo, una sonrisa en el rostro del crucificado a pesar del intenso dolor. Entonces una estremecedora voz de triunfo exclama. « Todo se ha cumplido » (Juan 19:30). Imagina que tienes una conversación con Dios, el diálogo sería algo así:
__ Mírame a mí y serás salvo, yo soy Dios y no hay más – te dice el Señor, parafraseando Isaías 45:22-
__ Señor, ¿Cuál es tu banco para invertir todo lo que poseo? -- Tiene que ser tu respuesta a este diálogo.
__ No hay banco, no existen transferencias electrónicas; puedes hacerlo desde la comodidad de tu casa, en tu oficina, en el salón de clases, donde te encuentres, únicamente debes transferir la mirada de ti mismo a Jesús.
__¿Únicamente mirar a Jesús? ¿Eso es todo?
__ ¡Claro que sí! El punto de partida es tu propia humillación.
Mirar a Jesús conlleva a reconocer sus méritos y aceptar su salvación. Contemplar sus virtudes transforma tus defectos. Y así, en la medida que lo contemples, te transforma poco a poco. Como lo dio el apóstol Pablo: « Así todos nosotros, que con el rostro descubierto reflejamos como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados a su semejanza con más y más gloria por la acción del Señor, que es el Espíritu » (2 Corintios 3:18). Y eso es humillante para todos los seres humanos, orgullosos como somos por naturaleza.
Cristo murió en la cruz porque no había otra opción para salvarnos. Seguramente escucharás voces que te animarán a mirar todo lo bueno que hay en ti y no a fijar tus ojos en Cristo. Ese es un engaño fatal. Pon todo lo que eres y tienes en Cristo. Esa es tu mejor inversión.
« Cualquiera que sea la mala práctica, la pasión dominando que haya llegado a esclavizar el alma y el cuerpo, por haber cedido largo tiempo en ella, Cristo puede y anhela librarlos »
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