A la verdad, no me avergüenzo del evangelio, pues es poder de Dios para la salvación de todos los que creen: de los judíos primeramente, pero también de los gentiles (Romanos 1:16).
¿Por qué sentir vergüenza de las buenas noticias? Imagina a un prisionero con una condena de cadena perpetua. ¡Toda la vida en prisión! Pero después de veinte años a la sombra de su celda, recibe una carta. No es una carta de su familia, es un sobre más grande, de textura muy fina y con un sello de la oficina de la Presidencia de la República.
Con mucha emoción lo abre y extiende la hoja tamaño carta y comienza a leer. Pasa rápidamente por los primeros renglones, pues no quiere entretenerse en la formalidad de las frases introductorias: « Hemos observado su conducta y méritos, y hemos tomado la decisión de perdonar el resto de sus años de condena en prisión, por lo cual, a partir de este día queda usted en libertad ».
¿Crees que el prisionero se va a avergonzar de la noticia? ¿Acaso va a caminar hacia la puerta de la prisión escondiendo la carta? Un momento, mi ejemplo se quedó corto. Sí, porque yo he recibido una carta más « pesada », ó « muy, muy fuerte », como acostumbran a decir los jóvenes, dependiendo del país que sean.
Lo mío se trata de una cadena perpetua, ¡Pero para la eternidad! Y la carta dice así: « Hemos observado que su conducta ha sido peor que la de cualquier prisionero, y que realmente constituye un peligro para usted mismo, para su familia y para la sociedad. De todas maneras hemos decidido indultarlo de su condena a muerte, y lo invitamos a formar parte del grupo de los hombres más honrados del país ».
¡Qué ¡ ¿Puede ser esto posible? El apóstol Pablo escribió: « Dios demuestra su amor por nosotros en esto: En que cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros » (Romanos 5:8). ¡Cómo me voy a avergonzar del evangelio! ¡Tú tampoco!, ¿verdad? Pásales la noticia hoy a todos los amigos y amigas que puedas, y a los desconocidos también, Incluso a tus enemigos.
« Nunca sabrán cuánto bien pueden hacer a los que no se consideran hijos de Dios, dirigiéndoles palabras tiernamente razonables y serias en cuanto a la salvación de sus almas »
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