No se angustien. Confíen en Dios, y confíen también en mí. En el hogar de mi Padre hay muchas viviendas; si no fuera así, ya se lo habría dicho a ustedes. Voy a prepararles un lugar. Y si me voy y se lo preparo, vendré para llevármelos conmigo. Así ustedes estarán donde yo esté (Juan 14:1-3).
El año pasado sufrimos de una epidemia de pánico a causa de un brote de una gripe cuyo origen se atribuyó en principio a los cerdos. En realidad, aparte de algunas incomodas medidas sanitarias, la vida siguió su curso normal; pero cada vez que uno encendía el televisor y escuchaba las noticias, el temor que transmitían los medios de comunicación se apoderaba de mucha gente.
Decidí apagar el televisor para no escuchar esas noticias que verdaderamente me estaban turbando. Tomé, asimismo, la decisión de no abrir algunas de las páginas más populares en internet porque sus noticias me resultaban desestabilizadoras. Una vez más me di cuenta de que, en estos casos, la ignorancia y el miedo son mucho más peligrosos que cualquier emergencia sanitaria. Jesús dijo: « no se angustien ». ¡Qué maravillosa promesa!
Debemos poner nuestra confianza en Dios y en Jesús. Así se comprometió nuestro Señor con nosotros para ofrecernos una salida; para curar nuestras heridas y consolarnos; para acompañarnos mientras cruzamos el valle de sombra y de muerte con la seguridad que nos imparte su gracia.
Adquirir una vivienda se ha convertido en todo un desafío en la época contemporánea. Los gobiernos de diversos países han desarrollado programas para que muchos de sus habitantes tengan casa propia. ¿No resulta un sueño muy especial saber que Jesús está preparando una casa para cada uno de nosotros? Eso significa que no vamos a llegar de visita, sino como ciudadanos con pleno derecho de su reino.
« Cristo hizo posible que todos los que quieran, lleguen a poseer la vida que se mide con la vida de Dios »
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