No fui desobediente a esa visión celestial (Hechos 26:19).
Últimamente se habla mucho de « la visión », sobre todo en las jutas y los más diversos niveles y ámbitos administrativos de la iglesia. Que si primero es la visión y luego la misión, o viceversa; que si la visión debe ser más amplia que profunda o al revés; que si la debemos extender a los próximos cinco años o más allá; que si es una visión inspiradora o si los inspirados son los que tienen la visión.
Veamos ahora la misión que tenemos desde la perspectiva de Pablo y los demás escritores del Nuevo Testamento.
Horizonte: La visión celestial se halla por encima de cualquier otro proyecto de tu departamento, institución u organización. ¡Se trata de la herencia que Dios ha provisto para sus hijos y que se extiende por la eternidad!; a « la herencia entre los santificados » (Hechos 26:18).
Desarrollo: Se trata de un proyecto de vida y muerte en el marco del gran conflicto, « del poder de Satanás a Dios » (Hechos 26:18).
Conversión: La visión entregada a Pablo habla de un cambio que se define como una conversión, un giro de ciento ochenta grados, un regreso a Dios de quien nos estábamos, consciente o inconscientemente, alejando. A Nicodemo, Jesús le dijo que era como nacer de nuevo (Juan 3:3-5).
Relación: Esta visión va más allá de los conceptos para convertirse en una experiencia de relación con Cristo para servir y dar testimonio. Por eso Jesús le encomendó a Pablo la misión de « siervo y testigo » (Hechos 26:16).
Alcance: Finalmente, se le define con exactitud el segmento de población al cual se dirigirá: « los gentiles » (vers. 17); es decir, todos los que no conocen la verdad que es en Cristo.
« Vayan los jóvenes, las señoritas y los niños a trabajar en el nombre de Jesús. Únanse teniendo en vista algún plan y orden de acción »
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