« No te pido que los quites del mundo, sino que los protejas del maligno » (Juan 17:15).
Esta conocida expresión de Jesús es parte de su última oración por sus discípulos antes de enfrentar la muerte. Esta larga plegaria conocida como la « oración sacerdotal » está llena de ternura y de preocupaciones por los creyentes de todas las edades: « No ruego solo por estos. Ruego también por lo que han de creer en mí por el mensaje de ellos » (vers. 20).
En el contenido de esta oración hay afirmaciones verdaderamente poderosas. Como la frase en la que trató de encapsular la eternidad, diciendo: « Y esta es la vida: Que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien tú has enviado » (vers. 3). O como esta otra que orientó la búsqueda de la verdad, diciendo: « santifícalos en la verdad; tu palabra es la verdad » (vers. 17). También sus cinco peticiones para que sus seguidores se mantuvieran unidos: « Permite que alcancen la perfección en la unidad, y así el mundo reconozca que tú me enviaste y que los as amado a ellos tal como me has amado a mí » (vers. 23, cf. 21, 22,26).
Sin embargo, una de las características notables de esta oración es la preocupación que Jesús mostró con sus veinte referencias al mundo. Su preocupación parece descansar en el hecho de que sus seguidores tienen que relacionarse con el mundo y esto tiene sus riesgos, y también constituye una misión.
« Están todavía en el mundo » (vers. 11). Esto significa que Jesús no estaba pensando en construir una « colonia » en alguna parte del universo con todos los que lo aceptaran como su Salvador. Están en el mundo con todo lo que significa vivir en medio de un gran conflicto.
« No son del mundo » (vers. 14, 16). Esto Significa que los seguidores de Jesús tienen otro destino más allá de la vida en este mundo. Al aceptar a Cristo adquieren otra naturaleza, otra « ciudadanía ».
« Yo los envío también al mundo » (vers. 18). Con esta frase se revela el gran propósito de los hijos de Dios al cumplir con una misión como representantes del reino de Cristo.
« Cristo ha de habitar en el alma, y deben hablar de él y manifestar los encantos de su carácter »
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