A mi papá le gustan las cosas rápido.
Odia el tráfico, las colas, la lista de espera, los minutos en silencio. Los aborrece a tal punto, que su neurosis siempre le gana la batalla. Dos minutos es lo único que necesita para estallar: gritar, exigir, coaccionar, caminar de un lado a otro desesperado. En cualquier lugar, no importa dónde, con quién, nada. Siempre quiere ir más rápido que los demás. Llegar antes, irse antes, pasar antes.
Por eso, odia dejar que los demás hagan cualquier cosa antes que él. Es como una competencia inherente: ser el primero, ser mejor, ser más rápido…
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