Hace tiempo, cuando los nativos americanos vagaban por Norteamérica, los bisontes eran muy importantes para su supervivencia. Los bisontes les proporcionaban carne y vestido.
En 1850 se calculaba que había más de veinte millones de bisontes esparcidos entre los Montes Apalaches y las Montañas Rocosas. Pero en menos de cuarenta años, los hombres blancos casi los extinguieron. Cuando en 1889 se hizo un recuento, en todos los Estados Unidos solo se contaron 551. Por suerte, su número hoy ha alcanzado los quince mil.
¿Cuál fue la causa de esta reducción tan drástica? Cuando los colonos empezaron a abrirse paso hacia el oeste, la gente empezó a matarlos como un pasatiempo. Otros quisieron eliminarlos porque interferían con el progreso. A veces, los trenes tenían que detenerse mientras un rebaño de bisontes cruzaba las vías.
Otro problema era que los animales no habían aprendido a temer a los humanos. Un día, un grupo de hombres salió a cazar bisontes. Con 300 balas pudieron matar a 269 animales. Los bisontes no sentían que estaban en peligro. No corrían para ponerse en lugar seguro.
La historia ilustra una importante lección. Somos más vulnerables cuando creemos estar en el lugar más seguro.
Si nos juntamos a un grupo de amigos de la iglesia, es fácil que bajemos la guardia porque somos cristianos. Suponemos que jamás nos ofrecerán bebidas alcohólicas. Error. Suponemos que los videos que habrán alquilado serán una distracción buena y limpia. Una vez más, error.
Satanás usara todos los medios a su alcance para arrastrarnos al pecado. Debemos permanecer cerca de Jesús para poder decir NO cuando llegue la tentación. Debemos permanecer alerta y vigilantes porque puede suceder en cualquier momento y en cualquier lugar.
Has cumplido mi mandamiento de ser constante, y por eso yo te protegeré de la hora de prueba. (Apocalipsis 3:10)
Bendiciones…
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