viernes, 13 de noviembre de 2009

Decir la verdad

Corría el mes de Julio de 2002. Kenny y un grupo de amigos pasaban el día junto al lago de Michigan, disfrutando del calor del sol y el agua fresca.

A Kenny se le ocurrió una gran idea «Me pregunto qué harían todos si fingiera que estoy ahogado».

Dio unas brazadas hacia el interior del lago y luego empezó a agitar los brazos.

--¡Socorro, socorro! ¡Me ahogo! ¡Que alguien me ayude!—

Un hombre, al escuchar la petición de auxilio, saltó de la toalla, se zambulló y nadó hacia Kenny. Antes de que el hombre llegara junto a él, Kenny empezó a reir.

--Estoy bien. Solo era una broma--.

El potencial rescatador no pensó lo mismo.

--Mira, jovencito, no juegues a ese juego--.

Después del almuerzo, Kenny volvió a nadar hacia el interior del lago y empezó a “ahogarse” de nuevo. Esta vez, dos adolecentes saltaron para salvarlo. También ellos opinaron que la broma no era nada divertida.

Una tercera vez, Kenny pidió auxilio. Nadie le hizo caso. Estaban hartos de sus bromas. Pero esta vez Kenny no fingía. Se ahogaba de verdad. Pero la gente de la orilla no se dio cuenta de ello hasta que fue demasiado tarde.

Las mentiras no siempre son mortales, pero siempre son destructivas. Arruinan la confianza entre amigos y familiares. Si quieres que se te conozca como una persona íntegra, di siempre la verdad. Podría tratarse de un asunto de vida o muerte.

El que dice la verdad permanece para siempre, pero el mentiroso, solo un instante. (Proverbios 12:19)

Bendiciones…

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