jueves, 21 de julio de 2011

El eco…


Un padre y su hijo estaban caminando en las montañas.     De repente, el hijo se cayó, lastimándose, y gritó:
— ¡Aaaaaayyyy!
Para su sorpresa, oyó una voz que repetía, en algún lugar de la montaña:
— ¡Aaaaaayyyy!

Con curiosidad, el niño gritó:
— ¿Quién está ahí?
Y recibió esta respuesta:
— ¿Quién está ahí?

Enojado, gritó:
— ¡Cobarde!
Y escuchó:
— ¡Cobarde!

El niño miró al padre y le preguntó: — ¿Qué sucede, papá?
El hombre, sonriendo, le dijo: —Hijo mío, presta atención
—y gritó hacia la montaña—:
¡Te admiro!
Y la voz le respondió:
— ¡Te admiro!

De nuevo, el hombre gritó:
— ¡Eres un campeón!
Y la voz le respondió:
— ¡Eres un campeón!

El niño estaba asombrado, pero no entendía nada. Entonces el padre le explicó:
— La gente lo llama eco, pero en realidad es la vida. Te devuelve todo lo que dices o haces.

Nuestra vida es simplemente un reflejo de nuestras acciones. Si desea más amor en el mundo, cree más amor a su alrededor. Si anhela felicidad, dé felicidad a quienes lo rodean. Si quiere una sonrisa en el alma, dé una sonrisa al alma de las personas que conoce. Esto se aplica a todos los aspectos de la vida. Ella nos da de regreso exactamente lo que le hemos dado. Nuestra vida no es una coincidencia, sino un reflejo de nosotros mismos.


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