martes, 2 de noviembre de 2010

Con la firma de Dios

Cuando cruses las aguas, yo estaré contigo; cuando cruces los ríos, no te cubrirán sus aguas; cuando camines por el fuego, no te quemarás ni te abrasarán las llamas. Yo soy el Señor, tu Dios, el Santo de Israel, tu Salvador (Isaías 43:2,3).

« Confío en mi Dios » Esta es una afirmación que cale oro, especialmente cuando sé que proviene de la experiencia de una joven. Se trata de Leslie, que se prepara para ser profesora de Física y Matemáticas. Esta muchacha ha experimentado en su vida las palabras de la Biblia. Esto es muy importante cuando se habla de las promesas de Dios.

Permíteme relatar lo que pasó en cierta ocasión a mifamilia: Un día mi hermana Cristina viajaba con mi padre, era un día muy lluvioso. Había caído un aguacero tan fuerte que los ríos comenzaron a desbordarse. En un tramo de l a carretera un puente había sido dañado, así que los pasajeros tuvieron que subir a una pequeña embarcación para pasar a la otra orilla del río.

Era de noche, llovía y soplaba el viento con furia. La barcaza se balanceaba demasiado y muy fuerte. Mientras trataban de mantenerse juntos un la embarcación. Mi papá, que por aquel entonces no era creyente, le dijo al oído: « Sería bueno que hicieras una oracioncita, Cristina ».

Las promesas de Dios existen, ¡para que las reclamemos! Por eso nos fueron entregadas por Dios mismo. Son, como dice mi esposa, los « Cheques de Dios ». Las promesas divinas son concretas en su compromiso y vienen firmadas y rubricadas por el propio Dios. ¿Te fijaste cómo termina el versículo que encabeza la meditación de hoy? « Yo soy el Señor, tu Dios, el Santo de Israel, tu Salvador » ¿Qué manera de firmar!

Las promesas de Dios tienen un pleno cumplimiento en la vida que se proyecta hacia la eternidad. ¿Te imaginas que tuviéramos un Dios que solamente hiciera compromiso con nosotros estos setenta u ochenta años que tenemos de vida? Sería un Dios muy limitado, tan coartado que no lo necesitaríamos.

Tal vez tú y yo hemos aprendido a resolver las tragedias con nuestros propios planes, nuestras medidas de protección y seguridad. Pero la eternidad solamente la puede resolver Dios. Él se ha comprometido con todos aquellos que confiamos en él.

« Los jóvenes deberían buscar más fervientemente a Dios »

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