martes, 24 de agosto de 2010

Pronto llegaremos a casa

El pecador puede hacer lo malo cien veces, y vivir muchos años; pero sé también que le irá mejor a quién le teme a Dios y le guarda reverencia (Eclesiastés 8:12).

« ¡Todavía ni hemos llegado a casa! » dijo un pastor en un sermón en el que decía las desigualdades de la vida. Vivimos en tiempos en que parece que alguien entro en la tienda y alteró el precio de todos los productos. A veces percibimos que actuar con integridad no siempre tiene la recompensa que aparentemente tiene proceder con deshonestidad.

Pareciera muy lógico pensar que actuar alineados a la voluntad de Dios es garantía de éxito, a fin de cuentas, ¿no es acaso Dios el dueño de todos los recursos del universo? En este mundo, hacer equipo con los poderosos facilita el acceso a ciertas influencias y recursos especiales. Por eso suena razonable pensar que seguir la voluntad de Dios también garantiza el éxito. Sin embargo, no siempre sucede como esperamos.

Te has preguntado muchas veces por qué le va bien a los malos mientras que los buenos sufren tanto. Esta pregunta zarandea constantemente nuestra fe en Dios, has que nos encontramos con el versículo del día de hoy. Salomón dice que en esta vida hay desigualdades que nos pueden dejar muy confundidos.

« He visto a los inicuos sepultados con honores » (vers. 10, RV95).

« Los que solían ir y venir del lugar santo; a ellos se les echó al olvido en la ciudad donde así se condujeron » (vers. 10).

« Hay hombres justos a quienes les va como si fueran malvados, y hay malvados a quienes les va como si fueran justos » (vers. 14).

Todavía no ha terminado el conflicto entre el bien y el mal. Eso está claro. A veces nos sentimos confundidos por las desigualdades que Satanás ha introducido en este mundo. Hasta el día de hoy no tenemos todas las respuestas que quisiéramos para responder a algunas dudas que nos asaltan. Peri sí sabemos cómo terminará la historia: Dios saldrá vencedor y sus hijos fieles serán vindicados y gozarán de la vida eterna.

« El ejemplo de Cristo nos muestra que nuestra única esperanza de victoria está en la continua resistencia a los ataques de Satanás »

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