martes, 17 de agosto de 2010

El deseo de los padres

Pero así dice el Señor: « Sí, al guerrero se le arrebatará el cautivo, y del tirano se rescatará el botín; contendré con los que contiendan contigo, y yo mismo salvaré a tus hijos (Isaías 49:25).

Los padres sabemos, y quiero decirte que a veces nos duele mucho, que no podemos salvar a nuestros hijos. Reconocemos que esa es la función de Dios. Pero a veces creemos que podríamos facilitar el proceso de redención; aunque pensándolo bien, es una decisión que solo ellos van a tomar. ¡El Espíritu Santo está dedicado precisamente a convencer a los seres humanos de su necesidad de Salvación!

El texto de hoy , además de ser una linda promesa, es también una advertencia a los padres para evitar la tentación de manejar la voluntad de sus hijos. Es asimismo una invitación para pedir a Dios que ellos respondan positivamente a los llamados del Espíritu Santo. En el Capítulo 49 de Isaías hay frases que debieran motivar a la reflexión a los jóvenes, en cuanto al alto privilegio que tienen al responder a la invitación de Dios:

· « El Señor me llamó antes de que yo naciera, en el vientre de mi madre pronunció mi nombre » (vers. 1)

· « Desde el seno materno me formó para que fuera yo su siervo » (vers. 5).

· « El Santo de Israel,, que es fiel y te ha escogido » (vers. 7).

· « En el momento propicio te respondí, y en el día de salvación te ayudé » (vers. 8).

· « Grabada te llevo en las palmas de mis manos » (vers. 16).

· « Hacia los pueblos levantaré mi estandarte. Ellos traerán a tus hijos en sus brazos, y cargarán a tus hijas en sus hombros (vers. 22).

Todas estas afirmaciones anteceden a la promesa del texto de hoy, y al final del capítulo dice: « Toda la humanidad sabrá entonces que yo, el Señor, soy tu Salvador » (vers. 26). Confía plenamente en esta promesa en estos tiempos, cuando tu « hijo está en la etapa de explorar el mundo », Y no solamente tú, sino todos los padres confiamos en que Dios cumplirá su propósito en la vida de nuestros hijos.

« Los jóvenes que quieren servir a Dios y entregarse a su obra, deben primero limpiar el templo de su alma de toda impureza y entronizar a Cristo en el corazón »

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