Nos predestinó para ser adoptados como hijos suyos por medio de Jesucristo, según el buen propósito de su voluntad (Efesios 1:5).
¡Aparecemos en la lista de seleccionados! ¡Qué bendición! Me puedo preguntar, ¿Y por qué nosotros? ¿Qué teníamos de especial tu y yo? Nada. Dios nos adoptó como hijos, eso es todo. ¿Y qué representa para ti el haber sido elegido para ser su hijo o su hija?
Recuerdo de la experiencia de una pareja de profesores que vivía frente a nuestra casa, cuando yo era niño. En nuestro poblado había un agencia que recibía niños abandonados y que les llegaban porque sus familiares no estaban en condiciones de hacerse cargo de ellos. Esta dependencia, además de recibir a los infantes, tenía la encomienda de buscarles un buen hogar.
La pareja a la que hago referencia tenía solamente un hijo varón, así que un día recibieron la visita inesperada de una dama de la mencionada agencia. La mujer venía a pedirles que alojaran a una niña que les había llegado recientemente y están en gran necesidad. Los profesores fueron a verla y, después de varios trámites, la niña llego a su nuevo hogar, como una hija más, con todos los derechos y privilegios que gozaba el hijo mayor.
Hubo algo en toda esta experiencia que me impresionó entonces, y me sobrecoge cada vez que lo recuerdo. En ese lugar habían muchos otros niños esperando ser elegidos como hijos adoptivos en algún hogar; pero en esta ocasión la elegida fue una niña. Después de haber estado condenada a una vida de privaciones, esta niña recibió una buena educación, y durante su juventud viajó a Estados Unidos de Norteamérica para aprender inglés; luego se convirtió en una exitosa profesional. Hoy vive felizmente casada y disfruta mucho de su familia.
Algo mucho mejor que esto es lo que se te ofrece en el texto de hoy. Tú y yo hemos sido elegidos por Dios para ser hijos con todos los derechos y, aunque fuimos condenados a un futuro que terminaba en la muerte, hoy tenemos la oportunidad de gozar de salvación y vida eterna.
« Cristo puede y anhela librarlos […] Librará al cautivo que está sujeto a la debilidad, la desgracia y las cadenas del pecado »
No hay comentarios:
Publicar un comentario