En 1988, El Sr. Y la Sra. Hutchinson tuvieron la necesidad de mudarse de su casa en Nueva York a una nueva en Indianápolis. Después de discutir mucho, la pareja decidió que Oscar, el pequeño beagle no iría a Indiana con ellos. Se quedaría en Nueva York.
El nieto de los Hutchinson estaba muy unido a Oscar y creyeron que Oscar sería más feliz si se podía quedar en un territorio que le era conocido.
Por eso, los Hutchinson, después de despedirse, subieron al automóvil y se fueron. Pero Oscar no estaba contento en absoluto con la nueva situación. Echaba de menos a sus amigos.
El perro de cuatro años había pasado toda su vida en su barrio. Con todo, fue a buscar a sus primeros propietarios.
Siete meses después, los Hutchinson se encontraron a Oscar ante la puerta. Después de andar más de ochocientos kilómetros había adelgazado mucho. Tenía el pelo sucio y le sangraban las patas. Pero era feliz. Había seguido su objetivo. Estaba en casa otra vez con la gente que más amaba.
El objetivo de nuestro increíble viaje de la vida es llegar al cielo, nuestro verdadero hogar. Porque allí nos reuniremos con Jesús, el único a quien más amamos.
Durante el viaje nos enfrentaremos a dificultades. Quizá lleguemos a sentirnos tentados a abandonar y volver al punto de partida. Pero si hacemos que el cielo sea nuestra principal prioridad, Jesús nos guiará todo el tiempo.
Cuando marcamos objetivos a largo plazo, es útil tomar decisiones correctas día a día. Y nos anima cuando nos enfrentamos a dificultades.
Pues donde tengan ustedes su tesoro, allí estará también su corazón (Lucas 12:34 NVI)
Bendiciones…
No hay comentarios:
Publicar un comentario