Wim Esajas fue a los juegos olímpicos de 1960 decidido a ganar una medalla para su país. Era de Surinam, la Guyana Holandesa, y el único deportista inscrito de su país.
Wim era corredor, y muy bueno, por cierto. Su especialidad era la carrera de ochocientos metros lisos.
El día de la prueba, Wim se relajó en su habitación de la Villa Olímpica. No tenía que correr hasta la última hora de la tarde. Quería estar bien descansado para dar lo mejor de sí. Después del almuerzo, Wim fue al estadio y empezó a calentar músculos. Pero los jueces lo apartaron y le dieron malas noticias: no podría correr los ochocientos metros lisos.
Esa mañana se había disputado la carrera clasificatoria para la final. Wim no se había presentado y había sido eliminado de la competición.
Avergonzado, Wim regresó a su país. Había decepcionado a sus compatriotas y a sí mismo.
Podemos estar agradecidos de que nuestro viaje increíble de la vida no sea una competencia. El cielo no es para unos pocos escogidos. Es para todo aquel que quiera que Dios controle su vida.
Wim quería competir, tenía toda la intención de competir, pero falló al dar el primer paso. Cuando llego a la pista, era demasiado tarde.
¿Has empezado tu viaje increíble al cielo? ¿O esperas hacerlo en algún momento futuro? La investigación ha demostrado que un 75% de los cristianos toman la decisión de seguir a Jesús hacia los catorce años. A medida que la gente se hace mayor, cada vez es menos probable que acepten la salvación.
No esperes un día más. Elige servir a Jesús mientras seas joven. Jamás te arrepentirás.
Pero si no quieren servir al Señor, elijan hoy a quién servir […]. Por mi parte, mi familia y yo serviremos al Señor. (Josué 24:15)
Bendiciones…
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