Nadie busca ser perseguido. Thomas Hauker no era una excepción.
Cuando el joven ingles fue sentenciado a morir en la hoguera, sus amigos fueron a hacerle compañía durante sus últimas horas. Mientras oraban y hacían todo cuanto podían por animar a Thomas para que resistiese, uno de sus amigos hizo una petición.
--He escuchado que cuando una persona tiene que morir entre las llamas, Dios la ayuda a resistir el dolor.
¿Podrías darnos una señal de que sucede así?
Thomas asistió.
--Si el dolor que siento se puede soportar, antes de morir levantaré las manos para hacerles saber que lo que escucharon es cierto.—
El día de su ejecución, los amigos de Thomas lo vieron andar con paso firme hacia la hoguera. Después de que los verdugos lo encadenaran a la estaca, pusieron la leña en su sitio. Thomas no dijo nada. Permanecía en pie y con los ojos cerrados.
Cuando el fuego prendío, empezó a hablar. Dirigió sus palabras a las que lo rodeaban y hablo de Jesús. Continuó hablando hasta que las llamas lo rodearon.
Entonces calló.
Seguros de que al fin había muerto, sus amigos se sorprendieron al ver que, de repente, levantaba los brazos por encima de la cabeza. ¿Sería la señal que habían acordado? Pero hubo más. Thomas, no solo levantó los brazos, sino que dio tres palmadas.
Sus amigos dieron un poderoso grito de victoria.
A veces, Dios libra a sus santos, como hizo cuando Daniel fue arrojado al foso de los leones. Pero otras permite que mueran como mártires.
Aunque Thomas murió como un mártir, dio testimonio del poder de Dios. Su historia nos ayuda a recordar que si somos de Cristo, él nunca nos abandonará.
No tengas miedo de lo que vas a sufrir […] Mantente fiel hasta la muerte, y yo te daré la vida como premio. (Apocalipsis 2:10)
Bendiciones…
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