Cuando escucho preguntas como: «¿Por qué no puedo ir al cine?» ó «¿Por qué la iglesia dice que no hay que jugar juegos de azar?» etc.… pienso en Glen. Lo que más ansiaba Glen era tener una buena educación. Sus padres querían que su hijo pudiera optar por una vida mejor que la que ellos habían tenido. Pero los tiempos eran difíciles y el dinero escaso.
Glen tenía el dinero suficiente para pagar el primer semestre de la universidad. Pero cuando el curso se acercaba a su fin, Glen se dio cuenta de que solo le quedaban veinte dólares y que eso no bastaba para llegar hasta el final. Por eso escribió a sus padres y les preguntó si podían ayudarlo.
El padre de Glen pidió un préstamo al banco. Pero eran tiempos difíciles de la Gran Depresión y los bancos solo prestaban dinero a las personas que tenían posesiones suficientes para respaldar el crédito.
Parecía que Glen tendría que interrumpir su educación y abandonar la universidad.
Pero su madre hizo una llamada telefónica.
Al día siguiente, un camión de reparto entró en su jardín. El conductor anduvo hasta la puerta de la casa y llamó. La madre de Glen lo hizo pasar. Cargó su gran piano en el camión y se fue.
Pero en su mano, la madre de Glen tenía un cheque por valor de treinta y cinco dólares. Había entregado su posesión más preciada. Lo había hecho por amor a su hijo.
Cuando Glen descubrió lo que su madre había hecho para pagar su cuota, se hizo el propósito de honrar su sacrificio siendo el mejor alumno que le permitiesen sus posibilidades. No faltó a ninguna clase ni pasó el tiempo de estudio holgazaneando con los amigos. No entregaba tarde los deberes ni permitió que las notas se resintieran.
Demostró su agradecimiento tomándose muy en serio su educación.
Lo mismo sucede con nuestra lealtad hacia Dios. Si apreciamos el precio que pagó por nuestra salvación, ¿intentaremos calcular a cuántas cosas del mundo podemos seguir aferrándonos? ¿O a caso buscaremos las maneras de honrarlo en todo cuanto hagamos o digamos?
Dejemos a un lado las obras de la oscuridad y pongámonos la armadura de la luz. (Romanos 13:12 NVI)
Bendiciones…
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